TOROS VS NIÑOS

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Mientras conducía hacia el trabajo, atrapada en medio de uno de los habituales trancones en la ciudad de Bogotá, encendí la radio y sin pedirlo termine enfrentándome a un dilema (no dilema) radial, sobre porqué los animalistas no protestamos contra los niños violados en algún lugar del país.

No se desde cuando ser animalista es sinónimo de odio a la humanidad, a los niños, a los seres vivos y únicamente amor a los animales.

El trabajo realizado por los animalistas en Colombia, es literalmente “por amor al arte”, solo los que hemos rescatado animales entendemos los costos económicos y emocionales que significa recuperar cualquier tipo de especie en condiciones deplorables en las que han caído por culpa de la especie más racional del mundo: El ser humano.

Para ser animalista, no basta con amar a los animales y sacrificar todos nuestros recursos para su recuperación, ahora, el propio estado hace más difícil la tarea exigiendo requisitos adicionales para “razas potencialmente peligrosas”, cuando desde regulo en el año 2002 “la tenencia y registro de perros potencialmente peligrosos”, presentándolo como una “novedad” en el famoso “Código Nacional de Policía”.

Lo paradójico del asunto es que mientras el Estado legisla para proteger a un sector poblacional, en otra parte del país la Dirección de Gestión Ambiental de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, inicia una persecución contra el animalista Deiby Beltrán Cerón, más conocido como “Davis Travis” por el manejo ilegal de fauna silvestre en su “Refugio La Casita del Bosque” donde recuperaba zarigüeyas, búhos, gallinazos y otras especies, con sus propios recursos, prohibiendo el ejercicio de la “protección desinteresada de la fauna silvestre”, por ser un delito ambiental.

Este es el costo que tienen que pagar los animalistas: La persecución estatal, el abandono humano y la popularidad en las redes que solo les trae consigo LIKES pero poco dinero para la alimentación y mantenimiento de sus hogares de paso.

En resumen, el estado no se hace cargo de la problemática animalista pero tampoco permite que terceros realicen la labor y al contrario burocratiza los procedimientos empeorando la situación actual de los animales.

Muestra de la improvisación estatal es el abandono de los “animales potencialmente peligrosos”.  Los refugios no se encuentran en la capacidad económica para hacer frente a las pólizas exigidas, una vez más el estado legisla sin analizar las consecuencias sociales de sus directrices.

La problemática social de los niños violados es reprochable, tan reprochable como los animales maltratados y los toros asesinados, no es justo que los medios sociales sigan estigmatizando a los animalistas y su lucha silenciosa.

Los animalistas,  no tienen por qué protestar por lo que es “políticamente correcto para una sociedad que les ha dado mucho la espalda, cada cual protesta por lo que quiera protestar.

Yo protesto por los animales, por los que no tienen voz, nosotros somos su voz.

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